¿Quién dijo, “hora de acostarse”? - Mil y una casas
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25 años. Esta es la media de tiempo que una persona pasa durmiendo a lo largo de su vida. Una cifra nada desdeñable, ¿verdad?

Eso, si tenemos en cuenta que cada persona duerme de media entre 6 y 8 horas diarias. Evidentemente, habrá días en que este tiempo no se cumplirá (seguramente durante el fin de semana), pero quién más y quién menos suele guiarse por esta regla.

No en vano, siempre nos han dicho que dormir 8 horas, como mínimo, es lo correcto para el buen funcionamiento de nuestro cerebro en particular y nuestro cuerpo en general. Dormir menos puede suponer una vida más corta, más problemas de salud y, en definitiva, una peor calidad de vida.

Pero ¿es eso cierto?, ¿dormir 8 horas, del tirón, es tan beneficioso como parece?

Y lo más importante, ¿siempre ha sido así?
La verdad es que no.

Podríamos marcar la invención de la luz eléctrica como el detonante de nuestros cambios nocturnos. En un abrir y cerrar de ojos, se pasó del candelabro a la bombilla y nuestros horarios dejaron de estar sujetos a la voluntad del Sol y de la Luna.

Y, precisamente en ese momento, es cuando empezó a cambiar nuestro descanso.

Hasta ese instante, se dormía de forma muy distinta. En la Edad Media, las personas dormían dos veces cada noche, en turnos de 4h. Eso significa que se acostaban, dormían cuatro horas del tirón, y se levantaban durante un par de horas para realizar tareas de todo tipo: leer, rezar, meditar o simplemente hablar con su compañero/a. Tras este período, volvían a acostarse y permanecían en la cama durante cuatro horas más.

Como dato curioso, existen numerosos manuales de oraciones de finales del siglo XV, que ofrecían plegarias para ese momento de lucidez que ofrecía la noche. Así mismo, también se recomendaba tener relaciones sexuales al estar ambos miembros más relajados.

Sin embargo, esta idea de un primer y un segundo sueño desapareció a finales del siglo XVII, inmediatamente después de la aparición de los sistemas de iluminación modernos.

Si lo pensamos un segundo, veremos que la idea de tener un tiempo para uno/a mismo/a no es tan descabellada. Muchas veces nos quejamos de que 24h no son suficientes para realizar todo lo que queremos hacer. ¿Por qué no aprovechar, entonces, los momentos que ofrece la noche?

Roger Ekirch, historiador estadounidense que explicó este cambio en la rutina nocturna, cree precisamente que muchos de los problemas de sueño actuales se deben a este cambio de tendencia y a la omnipresencia de la luz artificial (uso de teléfonos móviles antes de acostarnos, lámparas, televisión, etc.). Todo ello, impide que gestionemos el estrés diario y desemboca, consecuentemente, en problemas a la hora de dormir.

Quizás alguien piensa que despertarse en mitad de la noche es algo malo o antinatural. Pero nada más lejos de la verdad.

A principios de los años noventa, el psiquiatra Thomas Wehr realizó un experimento un tanto inusual. Eligió a un grupo de voluntarios para privarles de la luz natural, durante 14 horas cada día, a lo largo de un mes.

Al cabo de cuatro semanas, y de forma totalmente natural, se empezaron a ver los primeros cambios en sus rutinas nocturnas: los sujetos comenzaban a despertarse cuatro horas después de haberse acostado (el primer sueño), para estar una o dos horas en vilo antes de volver a adormirse (segundo sueño).

¿Casualidad?

Según Russel Foster, profesor de neurociencia en la Universidad de Oxford, lo que experimentaron muchas personas es una “reminiscencia del patrón de sueño partido” similar al que tenían nuestros antepasados en la Edad Media.

Eso significa algo muy positivo para los que nos despertamos en mitad de la noche. Por un lado, que por lo que acabamos de descubrir no es un hecho tan extraño como nos parece. Por otro, que podemos aprovechar ese tiempo para hacer algo productivo para nosotros/as mismos/as, pues no altera al buen funcionamiento del cuerpo.

¿Y tú, qué harías hoy si te despertases a medianoche?